Esthela Plata Flores

Esthela Plata, originaria de Montemorelos, Nuevo León, México, ha sido una mujer marcada por el sufrimiento, enfrentando algunas de las peores enfermedades y tragedias imaginables.

A los 14 años, cuando aún era prácticamente una niña, le diagnosticaron leucemia. A pesar de su frágil salud y las advertencias médicas que le aseguraban que nunca podría formar una familia, Esthela, con un espíritu indomable, se casó a los 16 años y, desafiando todos los pronósticos, dio a luz a tres hijos: Claudia Vanessa, Andrea Cristal y Ricardo.

Sin embargo, su vida no solo estuvo marcada por la lucha contra la enfermedad, sino también por el dolor emocional. La infidelidad de su esposo la sumió en una profunda depresión, llevándola a buscar consuelo en la fe. Fue en la Iglesia Evangélica donde encontró apoyo espiritual y donde, según sus propias palabras, comenzó a fortalecer su confianza en Jesús. Se entregó con pasión a las actividades de la iglesia, lo que le ayudó a sobrellevar su sufrimiento.

El 21 de julio de 1994, con un renovado ánimo, decidió cumplir el sueño de sus hijos: visitar la famosa cascada “Cola de Caballo”, un hermoso paraje en el municipio de Santiago, Nuevo León. El camino hacia la cascada es estrecho, serpenteante y flanqueado por profundos barrancos en la Sierra Madre Oriental. Animados por la excursión, la familia decidió continuar su viaje hacia la Laguna de Sánchez, un destino aún más alto y remoto.

En la amplia camioneta viajaban sus tres hijos, sus padres, su hermana con su pequeño hijo, y su mejor amiga, quien también era su guía espiritual. Ya de regreso, su amiga se ofreció a conducir el vehículo. La carretera, con su pronunciada pendiente, exigía un uso constante de los frenos para controlar la velocidad. Es posible que el desgaste provocara su fallo. Sin control, la camioneta se precipitó por un barranco de más de 60 metros de profundidad.

Entre los fierros retorcidos, con un objeto metálico incrustado en su cuerpo, Esthela aún alcanzó a escuchar los gemidos y llantos de sus seres queridos. Luego, todo se sumió en la oscuridad.

Cuando despertó en el hospital, la realidad la golpeó con una brutalidad indescriptible: todos los ocupantes del vehículo habían fallecido, excepto ella. Ningún dolor físico podría compararse con el abismo de sufrimiento que la envolvía tras perder a su familia.

A pesar de su devastación, fue trasladada a Houston, Texas, donde había vivido gran parte de su vida. Desde su camilla, asistió a las honras fúnebres de sus hijos y familiares. El dolor la consumía al punto de desear terminar con su propia vida, hasta que uno de sus hermanos la confrontó con palabras que la sacudieron. A partir de ese momento, decidió luchar.

Se divorció de su primer esposo y, con el tiempo, encontró un nuevo compañero de vida. Se sumergió en su fe y transformó su tragedia en un propósito: ayudar a otros a superar el dolor. Inició una vida itinerante compartiendo su historia para brindar esperanza a quienes enfrentaban pérdidas similares. Además, plasmó su experiencia en un libro titulado Triunfando en el dolor.

Pero el destino parecía no haber terminado con sus pruebas. Tras cumplir los cuarenta años, le diagnosticaron un agresivo tumor cerebral, que según los médicos, la llevaría irremediablemente a la muerte. Hasta la fecha, no se ha logrado establecer contacto con ella ni con su familia, por lo que se desconoce su paradero o si aún sigue con vida.

El 23 de marzo de 2025, el mismo camino que marcó su destino fue testigo de otra tragedia. Un vehículo con 12 integrantes de una familia de Nuevo Laredo se precipitó al vacío, cobrando la vida de todos sus ocupantes. Este fatídico accidente revivió el recuerdo de la desgarradora historia de Esthela Plata, una mujer cuya vida estuvo marcada por el dolor, pero también por una increíble resiliencia.